El silencio recorre cada rincón. Cada respiración es ahogada por lágrimas entrecortadas. Todas esperamos que alguna hable y nadie se atreve.
La estancia permanece iluminada. Todas nos miramos esperando que alguien tome la iniciativa, aunque no a los ojos. Ni siquiera sabemos de que iniciativa se trata. Sería algo espantoso. Las pocas lágrimas que logramos contener brotarian en riadas de nuestros ojos.
Sólo se oye el uluar de las palomas. La culpabilidad ni por asomo tiene intención de aparecer.
Nos sentimos abandonadas aunque no intencionadamente.
Solas, sin remedio, sin soluciones. Con grandes sacrificios por hacer y mucho que llorar a pesar de querer ocultarnoslo.
La rabia corroe mis venas. Algo me quema y no me deja dormir.
En la casa reina el silencio. Como zombies convivimos sin vivir.
Nadie dice nada porque no hay nada que decir. La felicidad se marchó por la puerta grande y no sabemos cuando volverá.
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