Me levanto y cada mañana en el espejo esta la misma (des)conocida de siempre. Todos los dias me mira con los mismos ojos, tiene el mismo pelo. Los mismos labios. El mismo ceño fruncido. La misma expresion de cansancio de encontrarse cara a cara conmigo dia si y dia tambien.
Cada dia intenta salir de ese espacio de probabilidad en el que se encuentra. Romper las estadisticas que ella misma se ha marcado durante años no es nada facil.
Su vida se basa en principios inciertos. Parecidos a la mecanica cuantica. Su orbital no es suficiente. No llega... No puede soportarlo.
Ya no solo por que lo necesita. Se queda pequeño para ella.
Se siente insuficiente. Cansada de engañarse a si misma. Cansada de los mismos ojos, la misma cara de inocente. El mismo pelo, las mismas piernas desgastadas, los mismos tobillos quebrados.
Y de su cabeza ya ni hablemos. Espirales de desconfianza hasta de su sombra. Vacios, agujeros negros. Y cordilleras de ganas y a veces hasta de cariño, que se nublan de esas deficiencias. Garras y colmillos que empujan a su autodestruccion.
Autodestruccion.
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