noviembre 19, 2012


Y ahora está él, al mismo nivel de batallas que esta cabeza rubia. 
Él, ojos marrones y sonrisa de loco, lector de cómics  paciente en mi portal, cantante entre luces y humo de colores, músico sin instrumentos, buscador de tesoros, explorador de mis recovecos, vividor de lo surrealista, máquina expendedora de carcajadas las 24 horas, bufanda y cinturón si me rodean sus brazos, domador de leona, freno de mis tacones cuando llevo más alcohol que sangre en las venas, campeón de besos, abrazos y provocaciones. Susurrador experto y, por encima de todo, mi rincón privado favorito de la ciudad.

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