Labios
fruncidos, señal de corazón frío. Ya solo hablamos del tiempo para no darnos
cuenta de lo rápido que pasa. La angustia por el paso del tiempo nos hace
hablar del tiempo que hace. Ya no tengo ganas de encontrarme con cualquiera.
Solo falta un buen apuntador listo tras los tragaluces, es lo que haría falta
para que un tímido tenga la última palabra.
Me sigo divirtiendo haciéndome preguntas idiotas sobre la ciudad que se extiende ante sus ojos. De repente la extraña sensación de estar en total armonía, en ese instante todo es perfecto.
Me sigo divirtiendo haciéndome preguntas idiotas sobre la ciudad que se extiende ante sus ojos. De repente la extraña sensación de estar en total armonía, en ese instante todo es perfecto.
Todas
las cosas que nunca dije, durante tanto tiempo. Miradlas, están en mis ojos.
Todo el mundo tiene océanos que cruzar, siempre que se tenga el coraje para
hacerlo. ¿Es una temeridad? Tal vez, pero... ¿qué saben los sueños de límites?
No hay comentarios:
Publicar un comentario