Entra por la puerta, esta impresionante. Toda la sala se
gira a mirarla. Vestidito negro, con sus largas y bonitas piernas al
descubierto dando fin con unos delicados tacones. Camina despacio, mira
desconcertada. El bullicio intenta volver a sus antiguas conversaciones, pero
es imposible, ella se ha colado en todas y cada una de ellas. En la de las
mujeres, examinando con atención su aspecto, su vestido, zapatos, su largo pelo
rubio recogido en un bonito moño; y en la de ellos, su mente se encuentra ocupada
intentando buscar en las pocas palabras educadas que conocen para poder expresar
lo que ven, aunque todos la estén viendo.
Pero eso a ella le da igual, solo quiere encontrarle.
Después de todo, ha accedido a ir hasta allí para verle. Y espera no sea un paseo
en vano.
Un torpe camarero le ofrece una copa, en un pobre intento de
llamar su atención. La coge, y sigue caminando despacio. No le encuentra, sus
ojos verdes se desesperan, no quiere volver a sufrir. Ya esta a punto de darse
la vuelta y marcharse, cuando le ve. Ahí esta. Con un elegante esmoquin y su
rebelde pelo medio domado con un poco de cera. Sonríe alguno que otro necesita
tomar un trago al ver su bonita sonrisa. Se acerca a el. De lo demás solo se
sabe, que la luna, puso su luz y aparto la mirada.
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